Shadow Of The Beast (Reflections/Psygnosis) (1989)

Reflejos del pasado

Los de la vieja escuela recordamos la aparición de Shadow of the Beast como uno de los momentos de transición más radicales de la historia de los videojuegos. Para muchos, sobre todo para aquellos que no había vivido el salto generacional que supuso la crisis de Atari y el posterior boom de las videoconsolas japonesas (o sea, muchos de los europeos afianzados en sus microordenadores de ocho bits), el acto de presencia de las máquinas de 16 bits de Atari y Commodore fue poco menos que testimonial. O sea, todo el mundo quería un ST o un Amiga, pero verdaderamente, en esos inicios no había ningún software digno de mención en términos de forzar ese cambio.
Por decir algo, nadie estaba dispuesto a cambiar el viejo Exploding Fist de su Commodore 64 por el horroroso ST Karate.

NOTA: Análisis cedido gentilmente por Metodologic.net.

Hasta que llegó Psygnosis. Y lo hizo pronto, como pocas veces suele ocurrir en un sistema nuevo. En ambas máquina comenzó a regalar juegos mil veces bizarros, a veces incluso incómodos de jugar, pero con un innegable atractivo que los hacía estar una y otra vez en el punto de mira. Así, como la arriesgada publisher que era, Psygnosis lanzó programas como Barbarian (nada que ver con el de Palace), Obliterator o Menace, capaces de enamorar a propios y extraños únicamente por la espectacular presencia de sus cajas, adornadas por las siempre impresionantes pinturas de Roger Dean.

No pasó demasiado tiempo hasta que los grupos de programación que trabajaban para Psygnosis se fijaran en la mayor potencia del Commodore Amiga con respecto a la gama de ordenadores ST. Bajo la premisa de aprovechar al máximo el hardware más poderoso del momento, nacieron auténticos estigmas que fueron sepultando poco a poco al competente ordenador de Atari, que poco podía hacer para igualar la calidad de las versiones originales de Blood Money o el título que hoy nos ocupa: Shadow of the Beast.

De la mano de Martin Edmondson y Paul Howarth (a la postre más conocidos como Reflections), Psygnosis introdujo en el medio una explosión tecnológica sin precedentes en 1989, que no sólo dejaba claro el potencial de una máquina que todavía tenía mucho que demostrar, sino que también ejercía como vehículo de lucimiento para sus desarrolladores, plasmando en el hardware del Amiga una capacidad artística y unas habilidades para el código que, con todo el mérito del mundo, pasarían a la historia de los videojuegos.

Una bestialidad

Shadow of the Beast cuenta la historia de un niño que fue raptado de sus confiados padres hace ya muchos años, en una fría noche sin luna cuya eterna oscuridad parecía presagiar lo peor. Llevado al templo Necrópolis, el infante fue tomado por el mago Maletoth, moldeado a su voluntad para convertirlo en una de las bestias que lo servían. Así, Aarbron, que así se llama nuestro protagonista, se transformó en un poderoso ser cuya fuerza y agilidad lo convertían en uno de los más poderosos agentes de Maletoth. A la par, su aspecto dejó de ser el de un hombre para tornarse en una entidad cuya presencia imponía tanto a hombres como a monstruos, tal y como también hacía su falta de humanidad, totalmente sepultada por las malas artes de los diabólicos seres oscuros.

Pero bastaba que un acto en concreto de plena crueldad se cruzara ante los ojos de nuestra bestia: Aarbron fue testigo del asesinato de un hombre que, abriéndose paso a través de confusos flashbacks en su memoria, abrió las puertas para hacerle ver lo que era y lo que es. Al fin y al cabo, era su padre… Ahora, el conocimiento de la verdad conduce a Aarbron a un sanguinario rastro de venganza contra los que lo convirtieron en lo que es. Aarbron, la bestia, desea tomar la vida de Maletoth… ¡Y ay de aquel que pretenda impedírselo!

Esta es la historia que estaba tras uno de los títulos más representativos de la era de los 16 bits, planteando una trama bajo la que se escondía una videoaventura con más de arcade que de otra cosa. Beast se plasmaba en pantalla con la forma de un típico beat’em up que se desarrollaba de izquierda a derecha o viceversa, con un protagonista rápido, capaz de saltar, pegar puñetazos, patadas aéreas y agacharse. En otras fases, Aarbron podría disparar e incluso volar con lo que parece ser un sofisticado jet pack.

Definitivamente, Shadow of the Beast era un juego breve, muy breve. Pero en la misma medida, se trataba de un título demasiado difícil, complicado hasta la saciedad en lo que es una metodología de juego ciertamente básica. No había más que avanzar de un punto a otro, esquivar y golpear determinados enemigos, coger determinado objeto, volver a otro punto y así ir progresando poco a poco. Un panorama demasiado básico que reforzaba su floja presencia jugable con la más abismal dote tecnológica jamás vista en los ordenadores Amiga.

¿Nada más que gráficos?

Tal y como ocurriese con muchísimos de los lanzamientos publicados por Psygnosis, muchos achacaban a Shadow of the Beast de tener un equilibro jugable bastante abrupto, donde lo difícil se codeaba con lo imposible en una odisea que, en verdad, pecaba de estar muy poco medida. Acabar el juego sin truco alguno era una hazaña comparable a la de pasarse entero el Abu Simbel Profanation. Bueno, no tanto, pero el azote de enemigos cruzando la pantalla raudos y veloces era de lo más frustrante. La verdad, no era imposible, pero sí requería un temple no apto para todos los públicos.

En cambio, Beast era tan grande que merecía la pena jugarlo de medio a medio incluso con trucos. Recorrer parajes con más de una docena de planos de scroll, adornados de una paleta de colores superior a lo que se solía ver en el Amiga, y con una belleza plástica digna de reseñar era todo un placer para los ojos. Y más aún, la música… David Whittaker había compuesto la obra de su vida con Shadow of the Beast, dejando muy atrás a todas sus ya de por sí sobresalientes composiciones.

El juego de Reflections usaba para su BSO unos instrumentos con una calidad de sampleado pocas veces vista anteriormente en el Amiga, desarrollando a la par unas partituras atípicas en lo que solía ser el arquetipo de música de videojuego. El toque new age, los tambores, los contundentes instrumentos de aire, los coros digitales… Toda la banda sonora de Shadow of the Beast es increíble, alejándose del sintético concepto de música para juegos de ordenador y plasmando en la memoria colectiva una auténtica obra de arte que a día de hoy permanece impoluta.

Del mismo modo, el conjunto global de Shadow of the Beast debe permanecer así. Mirémoslo como mirémoslo, se trata de una obra maestra del software lúdico, donde sabido es que en Reflections prefirieron pugnar por la calidad audiovisual antes que ajustar un poco más los matices jugables, matiz que fue proporcionalmente a la inversa en sus dos secuelas, llegando al culmen del entretenimiento justo con la tercera entrega. Por contra, poco se puede decir de las conversiones que sufrió Beast a otras plataformas, donde ninguna llegaba al magno nivel de la original para Amiga. Se acercaba en Megadrive y más aún en Turbo Duo y FM Towns; eran dignas de aplaudir las realizadas para Spectrum, Lynx y Master System; y, directamente para tirar al cubo de la basura, la injusticia cometida a la hora de llevar el juego a Atari ST. Que mira por donde, terminamos más o menos por donde empezamos…

VERSIONES

Shadow Of The Beast (Reflections/Psygnosis) (1989) (Amiga 500)
  • 94%
    Gráficos - 94%
  • 95%
    Sonido - 95%
  • 50%
    Jugabilidad - 50%
79.7%

Mucho ruido y pocas nueces


– Espectáculo visual sin parangón
– La banda sonora de David Whittaker, a nivel de obra maestra
– La «Killer App» del Amiga 500


– Su muro de dificultad es infranqueable
– Más que un juego, una demo técnica
– Corto, no más de media hora de juego si sabemos lo que hacemos

5 comentarios sobre “Shadow Of The Beast (Reflections/Psygnosis) (1989)”

  1. La historia no es así , fue raptado por los secuaces del señor de las bestias Maletoth , alimentado con pociones hechas de sangre de animales y magia, cambiando su naturaleza, pero el mago encargado de eso es el enemigo final de la segunda parte, el que secuestra a la hermana.
    Chicos, que sois de la vieja escuela !!!

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