Turrican II (Rainbow Arts/Factor 5) (1991)

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Nadie duda acerca del potencial del Amiga en lo que a videojuegos se refiere. Recordando títulos, es fácil sacar una buena lista de nombres míticos que bien merecen su posición en el olimpo del ocio electrónico. La serie Shadow of the Beast, Battle Squadron, Defender of the Crown… clásicos que representan en esencia todo lo que podía llegar a ser ese monstruo llamado Amiga 500 con su medio mega de memoria.
A esta lista de incunables cabría añadir un sensacional ejercicio de diversión desenfrenada y cualidades audiovisuales sin parangón: Turrican II.

NOTA: Análisis cedido gentilmente por Metodologic.com, puedes ver el original y comentarlo aquí

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De sobra conocida por los más viejos del lugar es la obra más famosa del programador Manfred Trenz (tras haber trabajado en el por muchos idolatrado The Great Giana Sisters), salida de las cavernas de una mente que, aparte de buscar continuamente el desafío en forma de código máquina, rendía culto y pleitesía a mágicos lanzamientos del país del sol naciente, como el arcade Xain’d Sleena o el mismísimo Metroid.

De tan particular fusión salió su tremebundo Turrican, un plataformas futurista con muchísima acción, capaz de exprimir hasta la última gota de un hardware mil veces explotado como el del Commodore 64 y, por otro lado, comenzar a sacarle jugo a los todavía jovencitos chips del por entonces todopoderoso Amiga.

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Con todo, nadie se esperaba que de las pequeñas oficinas de Factor 5 saliera un bombazo tan alucinante como la secuela del citado videojuego. Turrican 2: The Final Fight (por supuesto, nada que ver con el clásico beat’em up de Capcom) supondría para la desarrolladora alemana el espaldarazo que necesitaban para adquirir de forma definitiva el prestigio que los definiría como una de las grandes compañías del momento, ya después incluso de haber lanzado joyas como Katakis, Z-Out o la versión Amiga de R-Type (que precisamente nació fruto de un acuerdo con el que se zanjó un pleito por el calco que de R-Type suponía el ya mencionado Katakis).

Con el talento de Manfred Trenz, Andreas Escher, Holger Schmidt, Chris Hülsbeck y el jefazo Julian Eggebrecht saldría una superproducción que elevaría al Amiga a una altura a todas luces inalcanzable por sus competidoras contemporáneas. Ni siquiera en recreativas era fácil contemplar un juegazo de tamaña calidad.

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El guión era sencillo, pero igualmente irrelevante.
El malvado de la saga, “The Machine”, atacaba con su séquito y acababa con todos nuestros compañeros de la Unión de Planetas. Bren McGuire, el héroe del juego, sobrevive a duras penas, justo para clamar venganza mientras se viste con el uniforme de combate Turrican.
Así pues, estamos ante una historia de venganza, que ciertamente invita a poco más que destruir, destruir y destruir, utilizando todos los recursos de una armadura que propiciaba todo tipo de cualidades sobrehumanas, como un salto increíblemente potenciado, una cadencia de fuego atroz y la posibilidad de transformarnos en una particular esfera al más puro estilo Metroid.

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Así, Turrican II: The Final Fight era un arcade puro y duro, con una acción trepidante a más no poder en la que debíamos avanzar hasta determinado punto del mapa aniquilando y esquivando como pocas veces habríamos hecho antes en nuestras computadoras.
Si bien existían determinados niveles lineales, por lo general el escenario era un tanto laberíntico, aunque sin llegar a marearnos hasta el punto de hacernos perder.
Por lo general era fácil orientarse, siendo la prioridad salir con vida ante tan ingente número de enemigos.
En este sentido, dejando de lado el poderoso componente plataformero del programa, Turrican II plasmaba una acción salvaje, de una intensidad que asustaba, ya fuera en los más leves momentos de tránsito como en los duros combates contra los jefes finales de fase.

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Y hablando de fases, Turrican II tenía la llamativa particularidad de tener en su haber un buen puñado de rondas en las que el juego se transformaba radicalmente en un matamarcianos puro y duro.
Lejos de ser un simple añadido, estas stages eran espectaculares a más no poder, batiendo de forma aplastante incluso a los mejores shoot’em ups del ordenador de Commodore.

En su desarrollo quedaban patentes los homenajes a títulos como Gradius Air Busters, llegando al punto incluso de rendir homenaje a otros trabajos de Factor 5, como el mismísimo Katakis.

En definitiva, si digo que estas fases son alucinantes me quedo corto.

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Por último, hablar del plantel técnico de Turrican II sería empezar y no parar.
Su aspecto gráfico hereda no pocas cosas de su predecesor, pero multiplica el colorido (como los degradados del cielo) y el detalle de decorados y enemigos.
Y es que, aún siendo el primer Turrican un hermoso espectáculo visual, el salto entre una entrega y otra era palpable desde los primeros segundos de juego.
Y eso por no hablar de la banda sonora, donde el amigo Chris Huelsbeck deja a las claras su dominio del chip Paula, construyendo una serie de partituras que bien pueden competir por ser de las mejores que se han realizado jamás para Amiga.
Demonios, es que no hay ni una sola composición que baje del sobresaliente…

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Terminando, que es gerundio, cabe decir que Turrican II es un título que no debería dejar de probar ningún jugón que se precie de amar esto de los videojuegos.
Como arcade, es un programa redondo, carente al cien por cien de fisuras jugables y con un nivel de exigencia apto para todos los públicos (a pesar de exigir nervios de acero… porque difícil era un rato).
Como demostración tecnológica de lo que podía dar de sí el Amiga es un auténtico prodigio del virtuosismo germano con esta máquina, dejando en evidencia al esto de sistemas en lo que a conversiones se refiere.
Con todo, no podemos dejar de destacar meritorias traslaciones como las de Atari ST, Spectrum o, sobre todo, la destinada a Commodore 64… ¡Incluso aquellas bizarradas para consola, camufladas bajo el fílmico nombre de “Universal Soldier”!
Pero amigo, si quieres experimentar el impresionante mundo de Turrican, ve insertando el disket en tu Amiga más próximo.

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